sábado, 21 de marzo de 2015

¿Pero realmente esto vale un pimiento?

   Esta composición (titulada Haute Couture 4. Transport) me parece sencillamente repulsiva en todas las facetas que se os puedan ocurrir, pero he acabado insertándola en el artículo porque era muy necesaria para ilustrarlo y, dado que ya está más vista que el telediario, poco importa que se incluya en este humildísimo blog. Después de vueltas, revueltas y polémicas, a la hora en que escribo este artículo, parece ser que, finalmente, va a ser exhibida en una exposición del Macba que nace con bastante mal pie. Empezaré por presentar los principales motivos por los que la encuentro repulsiva:
   1.- El primero salta a la vista: la escena, como simple espectáculo visual, es de una fealdad atroz y repugnante: un chucho sodomizando a una mujer, esta en posición de poseer sexualmente a un hombre a cuatro patas y este último vomitando flores o lo que sea. ¿Pagaríais un céntimo para adquirir este adornito para vuestro jardín? ¿Os gustaría contemplarlo todos los días? Pues, encima, seguro que si está en venta (que lo estará tarde o temprano) pedirán un dineral.
   2.- Artísticamente tampoco es que brille por su armonía, su ejecución o su capacidad de conmover, pero, claro, esta es una opinión muy particular, a lo mejor a alguno le parece de la excelsitud de la Venus de Milo. Desde luego, a mi juicio, su único mérito "artístico", me huelo que buscado de forma muy calculada, es la provocación.
   3.- Analizada como ejecución de unos actos -tomados de manera objetiva y prescindiendo de la personalidad de sus ejecutantes- estos son de una obscenidad aberrante, absurda y carente de la menor gracia o interés. 
   4.- Si pasamos al terreno ético, brilla por su ausencia el respeto a las personas (Juan Carlos I y la activista boliviana Domitila Barrios) a las que -poniendo algún esfuerzo por parte del espectador- se parecen esas estatuas.
   5.- Tampoco parece respetarse mucho lo que simbolizan para importantes colectivos. Por ejemplo, a mí, como español, me molesta -y mucho- esta gratuita humillación de la imagen de un personaje que ha significado mucho para nuestra historia. 
   6.- Por último, está la intención: ¿para qué se ha perpetrado esta basura? Aunque parece que sus responsables andan diciendo por ahí no sé qué estupideces de simbolismos y tal, este tipo de jugadas ya no engañan a nadie: detrás de esto está simplemente el dinero, el sacar tajada de la operación de imagen que representa esta provocación, que supongo que será muy bien recibida en el estrambótico mundo del arte moderno. Este es sin duda el motivo más repugnante: ganar pasta por estos medios es abominable.
   Pero ahí la tenéis: acabará expuesta, y con su interés multiplicado por el morbo que sin duda ha provocado la polémica previa. Quisera acabar haciendo algunas reflexiones y formulándome algunas preguntas. 
   -Aquí ya no hay nada inocente, así que cabe preguntarse esto: no siendo en Cataluña, ¿en qué otro lugar de España se habría expuesto esta porquería insultante? Justamente, ahí, por lo que cabe preguntarse una cosa: ¿qué habría pasado si en Madrid, Sepúlveda, Logroño, Jaén o Calatayud a alguien se le ocurre exponer un grupo escultórico similar, pero quitando a Juan Carlos I y poniendo en su lugar a Artur Mas, Jordi Pujol, Juan José Ibarreche, Íñigo Urkullu o el ínclito Arzallus? ¡El pifostio que se hubiera armado!, encabezado por los que ahora se muestran tan indignados, como los trabajadores del Macba, y jaleado por todas las santas alianzas del independentismo y del victimismo nacionalista. 
   -Imagínense que un día a doña Inés Doujak,  coautora del engendro, se le ocurre hacer una figurilla parecida con George Bush, Ronald Reagan o Barak Obama en ese lugar de Juan Carlos I: ¿habría expuesto en el MOMA? Mira que lo dudo. O si quita a estos señores y pone a Helmunt Kohl o a Ángela Merkel: ¿habría expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo de Berlín? Mira que lo dudo. Y así sucesivamente. 
   -¿Y si algún día a algún simpático se le ocurre hacer una escultura igual, pero con Juan Carlos I sodomizando a Inés Doujak, o a Domitila Barrios, a la que me temo que han metido en este fregado con calzador? ¿Qué dirían las feministas como la señora Doujak, o ese mundo artístico que hoy se está rebelando contra la censura y tal? Sería digno de verse. 
   Juan Carlos I no es intocable y en más de una ocasión, sobre todo, en los últimos años, ha dado motivos para ser objeto de críticas o sátiras, las cuales, por cierto, ha recibido, y no en pequeña cantidad, pero, en este caso, da la impresión de que un puñado de oportunistas sin escrúpulos están manipulando vergonzosamente su imagen para ingresar cuartos, ganar fama profesional y, encima, dárselas de revolucionarios o no sé qué. No cuela, ni debería permitirse este bochornoso escarnio. Si todos estamos de acuerdo en que no sería admisible una estatua en la que apareciese él poseyendo de manera escarnecedora a la señora Doujak o a Domitila Barrios, no nos costará mucho admitir que tampoco debe tolerarse esa birria inversa que alegremente se va a exponer en el Macba. Crítica, bien; sátira, también, pero humillación y escarnio, no, ni contra Juan Carlos ni contra nadie, pero además, téngase en cuenta que, en su caso hay más, porque el que insulta a Juan Carlos insulta a España y a su historia: no tenemos por qué aguantar eso. ¡Horror!: igual, por lo que acabo de decir, algunos me llaman facha. ¡Qué le vamos a hacer, lo llevaremos con paciencia!

4 comentarios:

  1. Pablo, esto no es otra cosa que corrupción, corrupción moral. Esa de la que tanto hemos hablado tú y yo. Esta mamarrachada, esta inmundicia que quiere pasar por arte no más que un islote más de un inmenso archipiélago de inmundicias. Si te sorprende es porque no oyes de cuando en cuando, como yo hago por circunstancias laborales inevitables, Ponte a Prueba (premio Ondas, faltaría más), ese programa de radio juvenil donde toda inmoralidad tiene su asiento. Y digo Ponte a Prueba como podría decir mil porquerías más por el estilo que pululan por nuestros medios de difusión como ratas por la cloaca.
    ¿Nos hace falta una regeneración política? Claro, pero esta no vendrá si antes no se produce una regeneración moral de alcance general. Mi tesis es muy clara, pero molesta por tremendamente antipopular: toda la ciudadanía (salvo las honrosas excepciones de siempre) es culpable de la corrupción política que padecemos. En primer lugar porque el clima (in)moral reinante ha sido propicio para que medrara toda mala hierba. En segundo lugar, porque mientras fluia el dinero nadie ha tenido empacho en votar a políticos nefastos, ni en votar a partidos que en ningún momento se les ha exigido que explicase sus programas con pormenor.
    Mientras creamos que la corrupción política no tiene nada que ver con la corrupción de las costumbres y la quiebra de la civilidad y la urbanidad aquí no hay nada que hacer. La corrupción no es de unos cuantos listos de arriba: es de todos, salvo excepciones. La inmoralidad del español hoy es proverbial y a mí, si algo me indigna, es la indignación de tantos, cuando una mayoría aplastante comete y consiente iniquidades a diario. Porque degenerarse se ha degenerado todo: la música, el idioma (los hablantes, mejor dicho), el arte, los medios de difusión, los programas de radio y televisión, Internet, la comida que tragamos, la Justicia, la escuela, el sexo, el negocio de los deportes... y la política. ¿Por qué no también la política? Todos sodomitas.

    Raus

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  2. Completamente de acuerdo, Antonio. La moralidad social y política debe circular por unos raíles sólidos y, para que las cosas vayan bien, esos raíles deben ser los de unos principios racionales, para nada los de ese relativismo contra el que tú, Juan Pedro y otros nos habéis prevenido a menudo. Un ejemplo muy fácil: el relativismo ha sido el que ha dado munición a quienes han sostenido que no exhibir esta infamia era censura y han conseguido al final imponer su pervertida voluntad. Pero yo insisto en mis argumentos, que son racionales y creo que dejan en evidencia a todos esos interesados grupos de presión que han llevado esto a cabo.

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  3. Por supuesto. Y es de agradecer que esos grupos de presión sean denunciados como merecen. Estas cuestiones, como tantas otras, tienen una causación múltiple y circular. Esos grupos de presión son posibles en un ambiente moral degradado, pero también es cierto que ellos mismos coadyuvan al establecimiento de la degradación y relativismo morales. Son factores complementarios.
    Raus

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  4. Y en el mundo del arte -que es el de este artículo-, esto de las presiones, los compadreos los mercadeos y la amplitud de tragaderas debe de ser esperpéntico.

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