miércoles, 15 de octubre de 2014

Pedagogía Blanca: lo que de verdad esconden ciertas innovaciones educativas

   Algunos recordaréis un artículo mío sobre cierta iniciativa llamada Pedagogía Blanca, una propuesta educativa que conocí a través de una entrevista de ABC (la cual era en realidad un anuncio encubierto) y que buscaba, como casi todos estos delirios, hacerse sitio pisoteando la buena enseñanza con un aluvión de tópicos descalificadores. Posteriormente, como esta academia virtual de medio pelo (que es lo que es en realidad Pedagogía Blanca) me pareció muy en la línea de otras mistificaciones que intentan engañar a la sociedad a base de hacer negocio vendiendo subproductos educativos como si fueran el-no-va-más-que-va-a-enterrar-a-la-putrefacta-escuela, la incluí en un artículo que era un pequeño catálogo de tales subproductos, el titulado ¿Licencia para matar o licencia para cobrar?
   Pues bien, para que veáis que no me equivocaba, os dejo aquí un enlace que acaba de facilitarme un comentarista del primer artículo que cito, en el cual aparece una de las artífices de Pedagogía Blanca, Azucena Caballero, desvelando sin tapujos las verdaderas líneas educativas de su propuesta. Es el cuarto de los testimonios que aparecen:
   Si os molestáis en indagar en la página llamada Diana Fontánez, en la cual han bebido las dueñas de Pedagogía Blanca y en la que muestran su agradecimeinto, veréis que consiste lisa y llanamente en un sitio donde se dan consejos para forrarse con el coaching y otras zarandajas con las que se engaña a la gente hoy en día. Sin más gaitas. ¡Olé la innovación educativa!

4 comentarios:

  1. Esto de la pedagogía blanca ya lo había leído hace tiempo y realmente me sonó a cuento chino-saca cuartos.

    De verdad que estoy hasta más arriba de la peineta de estas nuevas corrientes que todos quieren seguir y que nadie sabe aplicar con eficacia. De momento nadie me ha convencido de que los proyectos sean mejores que los libros, de que trabajar la memoria sea peor que no hacerlo, de que el esfuerzo (en su justa medida) no de frutos positivos, de que corregir en boli rojo haya provocado muchos traumas..., y así podría pasarme horas.

    No digo yo que se tenga que seguir educando y enseñando como hace 30 años, puesto que todo evoluciona, pero lo que está demostrado que va bien mejor sería no meneallo y de las nuevas técnicas, de momento yo solo estoy comprobando el fracaso que producen y que nadie parece querer ver.

    Hay muchos maestros que abogan por estos métodos renegando de exámenes, notas, libros de texto, deberes (a mí tampoco me agradan en exceso, pero una suma, una resta y un dictado o algo de lectura no matan a nadie, doy fe). Andamos todos queriendo ser finlandeses y sin poderlo ser, entre otras cosas porque esto es España (con lo bueno y con lo malo) y ni los niños, ni los maestros, ni los padres lo somos; y no digo nada de nuestros gobernantes, que nos van persiguiendo con la tijera todo el día. Vamos, como para ofrecer una enseñanza personalizada y sin estrés con treinta chiquillos de ocho años en un aula.

    **Este curso, como regalo, en mi comunidad (la valenciana) nos han obsequiado con sesiones de 45 minutos de duración, que mientras un maestro se va, el otro llega y los críos prestan atención, con suerte las clases duran 40 minutos siendo muy, muy, muy optimistas. ¿Cómo lo veis? Mis hijos dicen que este año las clases duran solo "un rato" y si tienen que desplazarse al aula de música o la de inglés ya ni os cuento.

    Hala, ya me he quejado bastante. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Querida Vega, la comunidad de Valencia se ha convertido en un museo de los horrores, en general y en la enseñanza en particular, y ya tiene narices que te lo diga yo, que vivo en un "paraíso" como Madrid. Paciencia y buen humor. En cuanto a lo de los pedagogos, ya sabes que son uno der mis colectivos favoritos. Hace unos días, vino un representante de una editorial a mi departamento. Le pregunté qué sabían acerca de las nuevas ofertas de libros de texto y acabamos llegando a un punto en que me dijo que es que en España no lo hacemos bien, que programamos por capacidades pero seguimos evaluando por contenidos. Ahí ya fue donde le paré los pies, y entonces saltó la liebre: resulta que era pedagogo (como lo lees), lo que me obligó a insistir en dos cosas: la defensa de los contenidos y recordarle que lo que me interesaba era ver qué libros de texto me ofrecía su editorial de cara a la LOMCE: usted a lo suyo, las pedagogías a mí no me las cuente, que me dejan frío. ¿Qué tendremos los profesores que todo dios se cree que puede enseñarnos nuestro oficio?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, pues no sé qué tendréis... Bueno, sí lo sé, tenéis en vuestras manos la clave del futuro, puesto que trabajáis con un material precioso, que son nuestros niños y nuestros jóvenes y estas joyas hay quien las ve como plastilina y las quieren modelar a su conveniencia para que sean lo que el mercado espera de ellas. De ahí pienso yo que todo el mundo quiere meter el hocico en vuestra cazuela.

      A mí me parece muy bien desarrollar las capacidades de cada individuo, pero no a costa de sacrificar de este modo los contenidos. Supongo que habrá sitio para todo en el cerebro ¿no?

      Y que hay por ahí mucho iluminado y muchos que se dejan iluminar, eso también.

      Gracias por dejar expresarse e incluso desahogarse a esta madre desorientada. Un cordial saludo.

      Eliminar