sábado, 11 de enero de 2014

Aitizaz Hassan

  
   Poco se puede decir cuando se habla de personas como Aitizaz Hassan, el chico de quince años que aparece en la foto, el cual, como sabéis, sacrificó valerosamente su vida al intentar detener a un suicida que intentaba introducirse en su instituto (en Hangu, localidad de Pakistán) portando un chaleco explosivo que detonó cuando Aitizaz se le interpuso. ¿A cuántos de sus dos mil compañeros salvó la vida con su valerosa acción? A muchos, sin duda, por eso su padre se mostraba orgulloso de él. Valentía, generosidad y abnegación son virtudes que sin duda adornaban a este joven héroe, y es de suponer que tendría algunas más.
   Aitizaz es además, como también señalaba su padre, un mártir, un mártir de la barbarie islamista que azota a su país y al mundo, en la cual figura el grupo Lashkar-e-Jhangvi, que está detrás del atentado que él impidió. Viendo su trágica historia, la de Malala Yousafzai, la de Beslán y otras que de vez en cuando nos llegan, parece claro que estos grupos tienen a la educación en su punto de mira, lo que da idea de su calaña. Aitizaz sí es un verdadero mártir, porque se inmoló por una causa tan noble como la de salvar las vidas de los demás; comparándolos con él, no parece que merezcan ese calificativo otros que suelen arrogárselo, especialmente, esos que cometen matanzas como la que él frustró en Hangu.   

2 comentarios:

  1. El odio de estos grupos a las escuelas los retrata perfectamente. Las escuelas, y lo que se enseña en ellas, serán contrarias a su religión y al modo de vida islámico que ellos proclaman. Pero no son coherentes, van diciendo que tal o cual cosa no la hizo el Profeta. Pues bien el Profeta jamás usó explosivos, así que sean coherentes y luchen con cimitarra o lo que usaran en el siglo VII. El Profeta jamás se tomó una aspirina, ni se puso una vacuna, ni utlizó la anestesia o la desinfección de instrumentos quirúrgicos..., pues a utilizar la medicina de la época del Profeta, que por cierto, ni se subió nunca a un avión, tampoco usó smartphones ni tuvo sitios de internet. No, esto no. Sólo es lo que conviene a sus objetivos: todo lo que tiene que ver con la libertad de las mujeres o una enseñanza que socavaría todos los principios de la sociedad perfecta teocrática que tienen en sus mentes.

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  2. Está claro, Hesperetusa: la religión como arma de dominio político. Lo que tú dices es cierto: la superfundamentalista monarquía saudí ha financiado la mitad de los movimientos y grupos islamistas ultrarradicales, la mitad, sunní; la otra mitad, la shií, mal que bien la van financiando los iraníes. ¿Acaso estos señores viven unas existencias de pura religiosidad? ¡Ja! ¿Le importaba tanto al recién fallecido Sharon el asunto de la fe como para montar su última gran provocación, o sea, su visita a la explanada de las mezquitas? ¡Ja! Y en el mundo cristiano, pasa lo mismo, mira tú ahora el asunto del aborto promovido por el virtuoso Gallardón. La gran diferencia con el Islam (que no es una minucia) es que lleva siglos de retraso y sus formas opresivas son mucho más asfixiantes.

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