miércoles, 20 de noviembre de 2013

Malala, premio Sajarov

 
Malala Yousafzai recoge un galardón por su labor, el pasado 11 de noviembre en Nueva York.
 
 
   De nuevo tengo el placer de traer a este blog a Malala Yousafzai, en esta ocasión, porque ha sido galardonada con el premio Sajarov a la libertad de conciencia 2013, reconocimiento que tiene más que merecido.  Con solo once años, Malala empezó a denunciar los obstáculos que en su país, Pakistán, se ponen para impedir que las niñas estudien: esto es luchar por la educación y por la no discriminación de las mujeres, como prueba el conocidísimo hecho de que las acémilas islamistas, fieles a su estilo, la "premiaran" intentando asesinarla a los dieciséis años. Hoy, en su discurso, Malala ha dicho cosas muy importantes, como que el nivel de un país no se mide por su poderío militar, sino por su nivel educativo, o como que el mundo tiene que hacer algo ante la existencia de 57 millones de menores que no pueden ir a la escuela, o muchas otras, leed el enlace, y recordad que esta chica no sé si habrá cumplido ya los diecisiete años. Como profesor, me voy a quedar con estas palabras:
Muchos niños en el mundo no piden una Playstation,
sino un bolígrafo y un libro. Hagamos que puedan tenerlo. 
   Mi felicitación y mi admiración para Malala Yousafzai.

2 comentarios:

  1. El ejemplo de Malala es demasiado subversivo, no en la sociedad patriarcal teocrática en la que vive, sino en la nuestra. Es algo en lo que podrían pensar nuestros alumnos, sus padres, buena parte del profesorado y los "genios" que hacen las leyes de educación.
    Creo que lo que ocurre no es que se esté retrocediendo a otras épocas, porque ciertas cosas que ocurren hoy no han sucedido nunca, sino que vamos adelanténdonos a una época totalitaria donde el saber sea patrimonio de muy pocos.

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  2. Tiene por fuerza que ser subversiva, Hesperetusa, ya que le han dado un premio a la libertad de conciencia, cosas ambas con una gran facilidad para volverse subversivas. Fíjate si es lista: no le da importancia a los instrumentos materiales, sino a lo verdaderamente esencial: nivel como país, educación, cultura; tiene muy claro que vale mucho más el "boli" que la "play". Aquí deberíamos tener claro que unos mínimos materiales son irrenunciables, pero también importa lo inmaterial, cosas tales como la igualdad, la dignidad, la justicia, el derecho, la seguridad en un porvenir cierto, la cultura, la conciencia... y la libertad. En los años 70, era un grito emblemático, pero ahora ya no se reclama: como votamos cada cuatro años, ya somos libres, pero se me ocurre una cosa: ¿no es un ataque a la libertad el tenerte con un sueldo de 500 o 600 euros y la permanente amenaza del despido? Los planes en materia laboral del PP y sus aliados persiguen esclavizar a la gente. Estoy contigo: caminamos hacia un totalitarismo, no sé si encubierto.

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