martes, 12 de noviembre de 2013

José Ignacio Wert es insostenible

   A veces sucede que uno tiene que dejar explícito lo que se daba por supuesto, para que no queden dudas acerca de lo que piensa, así que repito lo del título: José Ignacio Wert es insostenible como ministro, fundamentalmente, por dos razones: porque es valedor de una ley con demasiados defectos y porque su afán de recortar es demencial y un tanto perverso, ya que le ha llevado a manipulaciones como la última: tener ya montada una rebaja en lo que le corresponde al Gobierno de las becas Erasmus y haber pretendido achacársela a Europa. Como ya sabe todo el mundo, no ha colado, ya que desde Bruselas le han desmentido aclarando que, con sus nuevos planes, a los erasmus españoles no solo no les van a dar menos dinero, sino que les van a beneficiar con bastante más y que, por tanto, si en adelante empezaban a recibir menos ayuda, sería por culpa del Gobierno español. De esto se desprendería una tercera razón para descalificar a Wert: su torpeza.  
   Desde siempre, malos o buenos, los ministros han tenido como una parte indispensable de su política el intentar obtener los mayores beneficios para su parcela de gobierno y el defenderla contra ataques tales como recortes presupuestarios o postergaciones. Eso tiene tanto la lógica de la buena gestión como la de defender la propia imagen ante ciudadanos y subalternos. Tiene además un tercer sostén más pragmático: un ministro que no cuida la importancia, las asignaciones y la atención concedidas a su ministerio lo está empequeñeciendo y a la vez se está empequeñeciendo él mismo. Que a Wert, a pesar de esto, no le importe extenuar económicamente a la educación solo puede explicarse por un motivo: en el actual Gobierno del PP, está bien visto recortar. El apoyo que Rajoy le está concediendo a Wert hasta en este asunto tan grotesco de hoy parece abonar esta tesis, y así, con su política, Wert estaría haciendo puntos ante el jefe, aunque sea a costa de pulverizar la enseñanza a base de recortes, ¡qué penoso!
   José Ignacio Wert es, por tanto, un ministro muy poco sostenible, pero no todo lo que dice o hace es erróneo. Dice que el actual sistema es malo y hay que cambiarlo, lo cual es absolutamente cierto, pero la solución no es su LOMCE (algo dije sobre ella aquí); dice que hay que racionalizar el asunto de la becas, lo cual es verdad, porque está en parte contagiado por la actual falta de rigor, pero lo que está haciendo él es tomar esto como pretexto para recortar sin piedad; dice que en España hay demasiada universidad y demasiado poca FP y es cierto: tenemos dos universitarios por cada titulado superior en FP, justo lo contrario que en Europa, y en este punto lo sensato sería que invirtiéramos la tendencia. Pero aquí la sociedad entera -no solo José Ignacio Wert- choca con un poderosísimo entramado de intereses políticos, económicos, académicos...
   Wert es un mal ministro, sí, pero no es el único villano que acecha a la pobrecita educación.

2 comentarios:

  1. Yo, como siempre en estos temas sobre la Educación me limito a hacer el seguimiento de tus comentarios porque me parecen certeros y documentados. Que los responsables del Gobierno no piensan en el futuro de un País formado y culto parece indiscutible y las consecuencias pueden ser nefastas en un futuro no lejano. Tenemos una mala Ley educativa y además se cambia dependiendo de donde venga el viento y eso al final afecta a todos, pero no aprenden, no son responsables, no son ni políticos............ son una vergüenza.

    ResponderEliminar
  2. Paco, además hay otra cuestión mucho más alarmante: en el mundo de la educación, y ahora no hablo solo de España, sino del entorno de la UE y lo que se ha llamado siempre mundo occidental, desde hace mucho tiempo está viva la polémica entre los partidarios de las enseñanza comprensiva (= mierda sin exigencia como la que tenemos aquí) y sus detractores. Entre estos últimos, destaca la teórica sueca Inger Enkvist, ya que en su país, como en el Reino Unido, sufrieron los estragos de la enseñanza comprensiva y empezaban a huir de ella cuando aquí empezaba a molar (finalmente, para nuestro mal, se implantó). Pues bien: hay muchos, entre los que me cuento, que sospechan que lo de extender y mantener una enseñanza pública de bajos niveles, no es inocente ni casual, sino que es una política perversamente premeditada, cuyo fin es mantener la ilusión de una democracia y una igualdad en la educación (si todo el mundo puede aprobar la enseñanza obligatoria, es que todos "semos" iguales), que en realidad se desmiente por el hecho de que se establece una dualidad: la enseñanza pública, de baja calidad, recoge a quien no puede pagarse otra, mientras que la privada, algo más exigente y con mejores condiciones para ofrecer más calidad, queda reservada para quienes puedan pagársela. En España, esta aberración se agranda con el hecho de que una buena parte de la privada (la concertada) se paga con dinero de todos. La LOMCE, para más inri, pretende profundizar esta aberración. La LOMCE, por mucho que la ataquen los logseros, en su fondo educativo, es exactamente igual que la LOGSE: clasismo y comida basura educativa para la enseñanza pública. En la escuela pública, abundan hoy los profesores "progres" que sostienen que lo rrrrrevolucionario es dar el aprobado fácil a los alumnos de extracción social "desfavorecida": gran estupidez, porque representa condenarlos a la ignorancia y al perpetuo "desfavorecimiento". Lo sé por experiencia propia: si no hubiera tenido una elevación cultural gracias a una buena y exigente educación, me habría pasado lo que al ochenta por ciento de mis amigos de infancia: me habría quedado en un horizonte socioeconómico muy limitado y en un techo cultural presidido por el "Marca". La mejor política social y humana que puede hacer un profesor es ser exigente, y más, si está en la enseñanza pública.

    ResponderEliminar