domingo, 6 de octubre de 2013

Las brujas de Zugarramurdi

   Hace algo menos de un año, me llevé un  buen rebote con Balada triste, la ya penúltima película de Álex de la Iglesia. Por fortuna, puedo decir que hoy, después de haber visto la última, o sea, Las brujas de Zugarramurdi, acabo de reconciliarme con el cineasta vasco, esencialmente por una razón: el jartón de reír que me  he pegado, casi sin parar durante toda la película. Como acostumbro a hacer cuando una película me gusta y la recomiendo, no voy a decir más, aunque esta tampoco es que tenga mucho que destripar. Eso sí, no estará de más que os recuerde que el humor de Álex de la Iglesia es gamberro, irreverente y a veces un tanto bestia: lo suyo no es la corrección política, y en esta película lo demuestra particularmente con lo referido a los planteamientos feministas.   

7 comentarios:

  1. Esta pelúcla la veré, cuando pase por alguno de los canales de cine que pago.
    Los cines han desaparecido de las cuidades pequeñas. y Creo que en la mía desaparecerán hasta los únicos que quedan en un centro comercial y en el Grao. Las entradas son carísimas y además te tienes que desplazar bastante, en un caso hasta con coche.
    Hay una película reciente, que me gustaría ver, y sé que me la perderé. De älex de la Iglesia sólo he visto una película, aquella que iba sobre el anticristo, también en plan gamberro. Me lo pasé bastante bien entonces y la volví aver por televisión. Pero en general, del cine español huyo como de la peste, y seguro que soy injusta porque habrá peliculas que merecen verse.

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  2. Sin duda, Hesperetusa, el cine español tiene cosas buenas y malas. Si te gustó "El día de la bestia", yo creo que esta te va a gustar también, porque, como aquella, es también una película de terror al estilo de De la Iglesia: allí era el demonio, aquí son las brujas. Otra suya que me gustó mucho fue "La comunidad", un genial retrato en negro de una comunidad de vecinos. Ahora bien, insisto con "Balada triste": no me gustó nada.

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  3. Perdona las sonrojantes erratas. Tengo un teclado bastante viejo, al que al parecer no aprieto bien las teclas, ni el espaciador. Y sale lo que sale. No me acordaba del título "el día de la bestia"..., intentaré ver esta de las brujas de Zugarramurdi.

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  4. Siempre he pensado que con los comentarios en Internet hay que ser muy flexibles con la ortografía ajena, por razones que pueden ir desde la deficiencia de los teclados hasta los problemas de visión, pasando por el hecho de que, muy a menudo, los escribimos sin tiempo para corregir. Yo, que empiezo por ser un pésimo mecanógrafo, me como acentos, comas, puntos, letras y hasta palabras enteras, cosas que se pueden suplir con un sencillo esfuerzo de reconstrucción por parte del lector, eso que los lingüistas conocen como principio de colaboración y que usamos muy a menudo en la comunicación. Te diré más: a veces cometo errores hasta en los artículos, y eso que los repaso. Escribir al ordenador es muy incómodo.

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  5. Eso depende, Pablo. Yo aprendí a escribir a máquina de joven y ahora me resulta muy fácil escribir en el ordenador. No tengo que mirar el teclado y casi siempre me sale bien lo que deseo escribir. Pero sí, quienes no aprendieron de forma ortodoxa a escribir a máquina, puede resultar engorroso. Para acabar escribiendo con soltura, es mejor aprender a escribir sin mirar el teclado. Yo creo que nunca es tarde para aprenderlo, porque luego los beneficios son para toda la vida.

    Antonio Gallego Raus.

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  6. Antonio, el método ciego y con diez dedos (asdfg, asdfg, asdfg, qwertpoiuy, qwertpoiuy, qwertpoiuy, y así) para aprender a escribir a máquina es el mejor, pero sabrás que para eso, como para todo, hay gente hábil y gente torpe (si quieres un ejemplo de estos últimos, no busques más: aquí me tienes). Para las habilidades manuales (en esto, discrepo contigo), hay una cierta edad límite a partir de la cual ya le puedes echar, horas, días semanas o meses: no progresas o adquieres progresos muy pobres.

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  7. Bueno, es verdad, seguramente lleves razón. A partir de cierta edad, algunas habilidades se resisten. Es una jodienda.

    Antonio Gallego Raus.

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