domingo, 13 de octubre de 2013

Compárese


           Banderas catalanas, españolas y europeas; uso del catalán y el castellano; llamamientos a la convivencia armónica de todos los catalanes sin exclusión en una Cataluña que es plural; ausencia de mensajes agresivos o amenazantes; invitaciones explícitas a que los violentos abandonasen la concentración. Y junto a esto una petición: “Queremos que nos gobiernen en estricta defensa del principio de legalidad y el cumplimiento de la Constitución. Queremos garantías de protección, puesto que el poder siempre tiende a la extralimitación”. Inquieta y avergüenza que en un país democrático se tengan que formular peticiones así. Compárese esto que se vio ayer en la plaza de Cataluña con la crispadora agresividad del discurso nacionalista, con su carácter segregador o con esas quemas de banderas que ya ni sorprenden y tendremos pocas dudas acerca de quién representa hoy un peligro para la convivencia en España.
           Los grandes pecados de los gobiernos democráticos españoles han sido muy a menudo por omisión: omisión en la vigilancia de los desmanes de la banca, omisión en el control de la corrupción política, omisión en la lucha contra los abusos urbanísticos, omisión del deber de protección del territorio y el medio ambiente… y omisión de respuesta ante las extralimitaciones del nacionalismo. Todas ellas las hemos pagado muy caras y la última ha tenido el resultado de que, un buen día, nos encontramos con que ciertos partidos habían incendiado Cataluña con sus exigencias de ruptura y amenazaban con arrastrarnos a una grave fractura social, perspectiva que a ellos parece no importarles. Durante años se les ha dejado sembrar el miedo, lo que les ha llevado a cometer el error de cálculo de que eran los amos absolutos. La manifestación de ayer parece demostrar que se está perdiendo el miedo y deja claro que, si fuera necesario, podría hacerse otra que multiplicara por diez sus asistentes, que nadie se engañe. ¿Hará falta llegar a eso para que algunos recapaciten? Esperemos que no sean tan necios.
           Y, para necios, los del PSC. Le decía Albert Rivera a este partido que, si sigue sin acudir a estas convocatorias,  los que lo harán serán sus votantes. Supongo que por prudencia y por elegancia, no ha añadido lo que todos pensamos: que después muchos de esos votantes irán fugándose hacia otras opciones, esto ya debería tenerlo muy claro el PSC, porque tiene experiencias no muy felices de ello, que le pregunten a Montilla. Como debería tener muy claro el PSOE que le urge romper con esa formación. Tal vez, si ya se hubiera decidido, ayer hubiera hecho lo que correspondía: no ya acudir a la concentración de la plaza de Cataluña, sino respaldarla. Seguro que la convocatoria habría ganado en participantes, el PSOE en credibilidad (de la que no anda sobrado) y el panorama político en clarificación.

2 comentarios:

  1. Lo siento, pero esta vez no puedo estar de acuerdo con usted. El ambiente de las manifestaciones del 12 de octubre en Barcelona es muy de derechas y, en algunos casos, de añoranza de otros tiempos que no fueron mejores. Esto no es algo reciente, lleva muchos años siendo así y los barceloneses lo sabemos. ¡Me han dado un repelús las camisetitas azul PP! Muy desafortunado el color: por mi imaginación se ha cruzado un flash en la que veía a los manifestantes con una camisa azul en otro tono. El PSC, lógicamente, no puede permitirse respaldar una convocatoria así y, a la vez, pedir la exhumación de las fosas del franquismo, como aparece hoy en El País (bueno, esto ha sido cosa del PSOE, pero en esto sí que PSC y PSOE van de acuerdo). Si al PSC se le ocurriera presentarse en esta convocatoria, perdería los votantes que aún le quedan y que no se han pasado a Ciutadans: políticamente sería un suicidio para ellos. Y a todo esto: la mayoría silenciosa en Cataluña no es la que dice Sánchez-Camacho, sino los ciudadanos que no apoyan ni la manifestación del 11-S ni la del 12-O, porque no son de extremos. Todo esto dicho con respeto y sin acritud, que son temas muy delicados y difícilmente vamos a tener todos la misma opinión.

    Un saludo y buen fin de semana,

    Aurora

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  2. Querida Aurora:
    Su desacuerdo está expresado en unos términos muy correctos, lo cual implica que debe ser recibido y atendido. Realmente, el panorama político en Cataluña se ha puesto muy complicado y con cien mil factores que lo embarullan. Ayer, viendo las imágenes de esta concentración, me decía mi mujer, que comparte mi aversión al nacionalismo: "Tú y yo no estaríamos cómodos ahí". Se refería, claro, a ese ambiente de derechas y a ese color azul de los que usted habla. Yo le respondí muy ufano que yo sí, aunque los dos sabíamos que eso habría que haberlo visto. Sé muy bien de lo que hablo, porque, aquí en Madrid, he estado en manifestaciones antiterroristas, asunto en el que estaba o debiera estar comprometido todo demócrata, copadas literalmente por la derecha. Recuerdo una en la que no era la derecha, sino lo más rancio de la derecha, con un grupo de jóvenes ultraderechistas reclamando la intervención de los tanques en el País Vasco; en esa, hubo un momento en que se formó un revuelo y me acerqué a ver qué ocurría, y era esto: que pasaban y eran aclamados Ángel Acebes, Eduardo Zaplana y Esperanza Aguirre, a la que arropaba un coro de gritos de "¡Presidenta!, ¡Presidenta!" Fue un buen trago de quina, pero le advierto que como experiencia fue interesante. Pero esto no significa que haya que dejar de hacerle frente al terrorismo, sino que hay que hacerlo a pesar de que lo hagan la derecha o incluso la ultraderecha. Y, de hecho, en el País Vasco lo entendieron y llegaron a pactar PP y PSOE, aunque al final acabasen rompiendo. Alguien dirá que esto fue un fracaso, pero mire usted hacia atrás y repare en que ese pacto representó echar del poder al fanático de Ibarreche, que, de haber vuelto a ser lehendakari, seguiría sembrando discordia. Vea usted a Urkullu, ¡qué diferencia!, ya ha aprendido la lección. Si se da cuenta, estamos hablando otra vez de nacionalistas. Es un disparate la segregación, hay que hacerle frente, y el PSOE y la izquierda, como en el asunto del terrorismo, por un erróneo concepto del progresismo, han dejado que la derecha haya monopolizado el liderazgo en estos asuntos. No es necesario hacerse del PP (que, en honor a la verdad, en Cataluña está demostrando ser más democrático que los nacionalistas), basta con decir no al disparate de la secesión. Si mañana este imposible se produjese, supongo que se quedarían muy contentos los cuatro verdaderos separatistas que debe de haber en Cataluña, pero, automáticamente, aparte de otras cosas muy gordas, habrían arrebatado su condición de españoles a millones de personas que querrían serlo y nos habrían dejado en un extraño limbo a los cientos de miles de catalanes que vivimos fuera de Cataluña y no por eso renegamos de ella. Sus reflexiones acerca de las fosas y de la mayoría silenciosa me hacen pensar que, en realidad, usted y yo somos muy parecidos: personas con convicciones democráticas y que hubieran vivido muy bien en lo que parecía que iba a ser España hace 20 o 30 años: democrática, con autonomías pero con unidad como nación y no estos malos rollos, con libertad y con limpieza. ¿Cuándo se jodió España? Sobre el PSOE: lea en "El País" de hoy una carta que se titula "Refundar el PSOE" y que firma alguien llamado Miguel Higueras. Un cordial saludo.

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