lunes, 4 de marzo de 2013

Sí, pero... ¿garantiza la pervivencia de la especie?

   Leyendo hace un rato la página de "El País" en Internet, me encuentro en la portada un titular que dice: "El matrimonio gay no garantiza la pervivencia de la especie". Alarmado por semejante amenaza, en la que hasta hoy no había reparado, entro en la noticia desarrollada y me encuentro con que esa frase pertenece a un discurso que ha pronunciado en la embajada española en Roma nuestro ministro de Interior, don Jorge Fernández Díaz, aunque bien lo hubiera podido firmar Kiko Argüello. A partir de ahora, lo tengo muy claro: ¿de qué valgo yo, de qué vales tú, de qué vale nadie ni nada si no garantiza la pervivencia de la especie? Es que esta cuestión es capital y no puede pasarse por alto, gracias por mostrarme la luz, ministro: lo que no garantice la pervivencia de la especie, ¡derecho a la basura! Sin ir más lejos, mañana voy a comprarme una lámpara, y no pienso meter en mi casa ninguna que no garantice la pervivencia de la especie.
   Ahora bien, como ya he señalado, el señor Fernández no ha hablado solo de la pervivencia de la especie, sino que ha dicho más cosas: ha dicho, por ejemplo, que, en cumplimiento de los acuerdos entre la Santa Sede y España, tenemos que dejarnos de felonías y sacar a la asignatura de Religión de la condición de maría y elevarla al rango que (según él y, al parecer, el concordato) le corresponde, esto es, el de asignatura fundamental. Asignaturas fundamentales son, por ejemplo, Matemáticas y Lengua Española. De esta última, que es la mía, se dan cinco horas semanales en 1º y 2º de ESO y cuatro en 3º, 4º y los dos cursos de bachillerato. Dado lo tajante de las afirmaciones de nuestro ministro, debemos entender que esa es la ratio horaria que exige para la Religión. ¿Lo pondrá en marcha el PP? ¿Cómo lo hará? ¿Suprimirá otras asignaturas o implantará las clases por las tardes en los institutos, en los que los alumnos ya van bien cargaditos de horas? Ya lo veremos en su momento.
   Los ministros del Interior (que es un puesto muy serio) no deberían meterse a predicadores, porque pasa lo que pasa. El señor Fernández Díaz ha hablado en público y no ha dejado pasar un solo charco en el que zambullirse, conducta a la que son absolutamente fieles todos los dirigentes del PP. La noticia de "El País" se ha centrado en el asunto del matrimonio gay y en acusar de homófobo a Fernández Díaz, pero, aun a riesgo de que se me acuse de homófobo también a mí, diré que esto me parece lo menos gordo de lo que ha hecho. Mucho más grave que la homofobia de esas palabras, me parece la absoluta ignorancia y alejamiento del mundo que representan, propias de un carcamal enclaustrado: ¿es que este señor no sabe que ya se habla hasta de lobby gay en El Vaticano? Con una ignorancia así, no se puede ser ministro: acepte usted a los homosexuales, señor mío: están ahí y no se comen a la gente. También me parece más grave y metido en la misma línea del imperdonable alejammiento del mundo lo de la asignatura de Religión, que es, sencillamente, de una cerrilidad medieval: ¿quiere este señor, en el año 2013, convertir nuestros institutos en madrasas?
   Termino con el último charco, también profundísimo, aunque se me haya quedado para el final: a alguien tan preocupado por la pervivencia de la especie, una cuestión biológica y un tanto abstracta, debería preocuparle más aún el descenso de la natalidad, que es un asunto mucho más concreto, de carácter social y un verdadero problema en la España de hoy, que, de no empezar a resolverlo ya, puede pagarlo muy caro en un futuro no muy lejano. Y nuestra baja natalidad es un problema que se ve muy agudizado o incluso producido por males como el encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral, la discriminación de la mujer en el trabajo, el paro o la falta de armonización entre la vida laboral y familiar. Si por algo se ha distinguido España desde hace mucho tiempo, es precisamente por la inexistencia de políticas de protección y fomento de la natalidad; antes al contrario, en la política de contratación de miles de empresas, la mujer embarazada ha sido un enemigo a abatir. ¿Qué hacen este señor tan preocupado por la pervivencia de la especie y su partido para proteger la natalidad? ¿No estarán más bien llevando políticas que la penalizan? Menos predicar anatemas y más dar trigo.

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