domingo, 17 de marzo de 2013

86%: algunas consideraciones en torno a un porcentaje

   1.- El jueves 14 de marzo nos sobresaltamos con la noticia de que los maestros están suspensos en primaria, a la vista de los resultados de un examen de oposición en Madrid, en el que el 86% de los aspirantes cometieron fallos ante cuestiones de nivel elemental, algunos de ellos, de la alarmante envergadura que podemos ver en la noticia enlazada. La sala de profesores de mi instituto -me figuro que igual que la de muchos otros- se convirtió en el escenario de un debate permanente sobre el asunto, debate en el que las ideas más generalmente aceptadas fueron estas: 
      a) Que la noticia se había formulado con un sesgo muy desafortunado, ya que producía la sensación de que los autores de tales disparates eran los profesores, cuando en realidad habían sido personas que se presentaban a una oposición para serlo, las cuales además, en buena lógica, debieron de ser suspendidas.
      b) Que, en cualquier caso, lo que desvelaba era muy grave y que, entre otras cosas, parecía destapar unas carencias en la formación de nuestros titulados superiores (de Magisterio y de otras disciplinas) que es urgente solucionar.
      c) Que la difusión de la noticia ni era inocente ni obedecía a la mera preocupación de nuestros dirigentes políticos por los escasos conocimientos de los opositores, sino que la Consejería de Educación de Madrid estaba instrumentalizando el hecho en el marco de su guerra contra los interinos y sus planes de reformar el sistema de acceso a la función docente, planes que (importa mucho destacarlo), aunque se presentan con otros envoltorios, persiguen sobre todo ahorrar dinero a costa de lo que sea, incluida la calidad de la eneseñanza. Quien dude de esto, que pulse aquí.
   2.- Ahora bien, señalado todo esto, creo que está fuera de toda duda que, dadas las características de nuestro sistema educativo, esos titulados superiores deficientemente formados son el producto de ese sistema también deficiente. Este sistema emana de una catástrofe llamada LOGSE, de la que nacen los ya más de veinte años de desastre educativo que llevamos padeciendo en España, y cuenta con la cómplice mala gestión en este ámbito de todos los partidos que han tocado poder, sin olvidarnos tampoco de los sindicatos, especialmente, de CCOO, gran defensora del entramado ideológico de la LOGSE. Como muchas veces me habréis oído decir, una de las mayores o tal vez la mayor de las aberraciones de la LOGSE es la presión sobre el aprobado, es decir, el que, durante todos estos años, para maquillar las cifras de aprobados del sistema, se haya abusado de la presión sobre los profesores para que bajaran sus niveles de exigencia, lo que ha producido que al final el nivel de lo que enseñamos sea ínfimo; en tales circunstancias, ¿no parece lógico que, si empezamos regalando los aprobados en ESO, acabemos teniendo un alto número de titulados superiores muy mal formados? Lo razono en esta carta que titulo Aquellos polvos trajeron estos lodos y que publica hoy "El País".
   3.- De lo dicho hasta aquí, cualquiera podrá entender que yo creo que la culpa de que hayamos llegado a este enojoso asunto del 86% la tiene el sistema, un sistema frívolo que ha perseguido a los profesionales serios y rigurosos y, en una espiral constante de estupidez e inmoralidad, ha instaurado la falsificación de la realidad y el regalo de aprobados y títulos como práctica habitual, creyendo que eso podría llevar a otra parte que al desastre; un sistema capaz de llegar a aberraciones como esta de la ESO a mil euros, o sea, regalar el título y encima mil euros a los que no obtuvieron por molicie lo que otros se ganaron estudiando, esperpento que ha terminado con un desenlace que tiene algo de justicia poética: la anulación del examen por una filtración, vamos, que todo ha sido una trampa, de principio a fin. ¿Podemos extrañarnos de que, en un sistema que premia la vagancia, se produzcan sucesos como este del 86%?
   4.- Termino. Este sistema ha sido -y sigue siendo, no lo olvidemos- el mundo al revés, una aberración en todos sus términos, y estoy pensando ahora en la Inspección Técnica Educativa. Como su propio nombre indica y como departamento de vigilancia que es, este cuerpo debería haber velado por el recto proceder de las cosas, por el cumplimiento de los programas, por que los centros transmitiesen saber. ¿Ha sido así realmente? ¿Se ha preocupado de esto la inspección o ha sido más bien el azote de esos profesores que intentaban  trabajar en serio y eran denunciados por padres o por directores amigos más bien de la generalizada laxitud? Supongo que cada cual tendrá su punto de vista, pero todos, hasta las instituciones, somos hijos de nuestras obras, así es que esto será lo que a última hora haya que valorar. Por mi parte, algunos sabéis ya cuál creo que ha sido el papel de la inspección, aquí os dejo el enlace del artículo que en su día hice exponiéndolo. Hemos llegado a donde hemos llegado: ahora, cada cual debe asumir y reconocer la parte que le toca del éxito o el desastre.

4 comentarios:

  1. Me gustaría que me enseñaran los exámenes, no dudo en fallos gordos, pero algunos de ortografía son extremos, y me cuesta mucho creer que alguien que ha estudiando hasta magisterio escriba así, por eso y por compartir la mayoría de tus consideraciones creo que huele a quemado. Un abrazo!

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    1. Bueno, Meg, celebro que estemos de acuerdo en la mayor parte del análisis. A lo mejor resulta que también eres docente y todo, lo que no me extrañaría. Empezaré por decirte que este asunto tiene dos grandes vertientes. La primera es la relativa a esa innegable manipulación política que ha hecho la consejería, penosamente amplificada por los medios, en la que sería muy pertinente empezar por decir que se ha querido una vez más ensuciar la imagen del profesorado, objetivo que quizás fuera el principal, pues no te imaginas hasta qué extremos de difamación ha llegado el gobierno madrileño, con la nefasta Esperanza Aguirre a la cabeza. En este terreno, sería inexcusable, dsde luego, dar pruebas muy claras de lo que se ha visto, para afrontar los problemas y tal vez para espantar las sospechas de que no se perseguía solo difamar, ya que se ha cometido la vileza de airear esto en los términos en que se ha hecho. No esperes esto de la consejería, ya que el modo de sacar unos datos de hace dos años indica que solo quiere hacer sangre, como siempre, y algo habrá conseguido.
      Ahora bien, está luego el problema de fondo, el de la deficiente formación de muchos titulados superiores. En lo que a este se refiere, yo sí me creo esos ejemplos, primero, porque habría sido muy arriesgado sacarlos a la prensa sin tener documentos; segundo, porque concuerda con lo que estamos viendo en institutos y universidades y, tercero, porque en las conversaciones en que he participado he hablado con algunas personas que han sido miembros de tribunales, las cuales decían que, en efecto, esto pasa, tenemos titulados que alcanzan esos niveles de falta de preparación. Y pasa por lo que yo sostengo: porque es el resultado esperable de un sistema tramposo que utiliza como instrumento de "mejora de resultados" la presión sobre el profesor para que, si es preciso, regale los aprobados. Este es un problema de fondo y muy grave, en el que, no nos preocupemos: el PP también tiene mucha culpa, porque, pese a lo que cacarea sobre el esfuerzo y tal, en los institutos madrileños hay mucha presión sobre la nota. Un abrazo.

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  2. > una catástrofe llamada LOGSE, de la que nacen los ya más de veinte años de desastre educativo.
    > un sistema frívolo que ha perseguido a los profesionales serios y rigurosos.

    Dejando aparte el tremendismo interesado, como aquí somos del todo o nada, no me extrañaría que volviésemos al otros extremo rigurosísimo, en el que con una asignatura se repetía. Creo, Pablo, que seguiremos soportando la eterna cruz hispana.

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  3. Ese extremo es una barbaridad, pero la situación actual es una locura que algunos venimos señalando desde hace tiempo. De nuestros alumnos, más o menos un 55% apruban la eso en condiciones, mientras que, del otro 45%, entre un 25 y un 30 no la aprueban (esto está en las estadísticas) y el restante 15 o 20, la pasan sin cumplir los mínimos, a beneficio de presiones, lo guay que somos o lo que quieras. En el mundo de la docencia esto se sabe, las autoridades educativas lo saben, los expertos los saben y gran parte de la sociedad lo sabe también: la noticia que nos traemos entre manos es solo un dato más de los que de vez en cuando lo confirman. Este problema es muy grave y afecta a nuestro futuro, por lo que debería afrontarse creando un sistema completamente nuevo. ¿Cuál es el problema? Que precisaría responsabilidad, consenso serio, compromiso de no querer instrumentalizar políticamente la enseñanza y mucho dinero. ¿Tú crees que el PP, el PSOE, el PNV, CiU, los demás nacionalistas IU o UPyD estarían dispuestos a esto?

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