miércoles, 23 de mayo de 2012

Tensión en la Gran Vía

   Vuestro amigo el guachimán, siempre ansioso de traeros primicias, va a contaros una ahora mismo. Esta misma tarde, cuando regresaba de la manifestación por la enseñanza pública, iba a las ocho y veinte a cruzar la Gran Vía por el paso que hay entre Montera y Fuencarral cuando he visto que desde Alcalá subía un grupo manifestándose, desgajado sin duda de la manifestación mayor que, repito, ya había terminado, de manera que este "salto" espontáneo (que me ha recordado mucho los de los viejos tiempos) no estaba autorizado. A la altura de la Telefónica, la policía ha montado un cordón con siete furgonetas y un número de agentes que no sabría decir; el de los manifestantes, creo yo que oscilaría entre los trescientos y los quinientos, la mayoría, de entre dieciséis y dieciocho años. Al llegar frente al cordón, se han parado y se ha producido una curiosa situación: un buen número de curiosos nos hemos quedado allí a ver qué ocurría; la policía (cuya actuación ha sido correcta desde el principio hasta el final) se ha mantenido a la expectativa, y los manifestantes, divididos entre la opción de tirar por Montera o por Hortaleza, han acabado por no hacer ni lo uno ni lo otro, de modo que el salto no ha tardado en disolverse solo.
   Interpreto este episodio como un síntoma de la indignación de la gente y de que ya está empezando a producir escenas fuera del guión, lo cual es sin duda un logro del acierto de nuestros dirigentes.
   En cuanto a la manifestación grande, la autorizada, creo que ha sido un auténtico éxito. Me la he recorrido (como suelo hacer) de arriba abajo y creo que ha sido la mayor o una de las mayores de la marea verde. A ojo de buen cubero, allí ha habido como mínimo 30.000 personas, aunque insisto: tirando por lo bajo. 

4 comentarios:

  1. Éramos muchos, Pablo, pero la política ya se ha inmunizado contra el número de personas que recorren las calles pidiendo un giro en el rumbo adoptado. Sólo queda persistir y responder en la calle. Y en las huelgas, por supuesto, hasta que nuestra voz no se pueda seguir ignorando

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  2. Se dice que fuimos unos cuarenta mil y más que debíamos haber ido. Pero esto es poco si no lo unimos a otras actividades, entre ellas dejar las cosas claras a los padres, que muchos todavía viven hoy en la inopia más absoluta y prefieren que lleven a sus hijos a los toros que que reciban cualquier conocimiento.

    He de decir que ayer me alegró ver entre los manifestantes a un grupo de ancianos con bastón.

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  3. Como Patry, opino que hay que seguir informando a los padres; en cuanto al número, qué más da ya; nunca reconocerán la auténtica multitud que éramos, ni en la manifestación ni en la huelga. Esa actitud dice mucho ¿no os parece?

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  4. Mirad, los políticos son como los boxeadores: tienen muy trabajada la técnica de aparentar que los golpes no les hacen mella, aunque estén verdaderamente jodidos. Manifestaciones como la de ayer duelen, así como las huelgas persistentes, la percepción del conflicto y del rechazo social y todo aquello que produzca o pueda producir descensos en las encuestas, ya que los políticos en general y los españoles muy en particular adoran sus sillones. Por lo tanto, estas cosas están haciendo daño, solo hay que ver el gesto que luce últimamente nuestra presidenta y sus pérdidas de papeles, síntoma inequívoco en ella de que se siente insegura y contrariada. Y no digamos el ministro de Educación, que, a menos de medio año de las elecciones, no llega ni al 3 en las encuestas y es, como todo el mundo ve, un verdadero cadaWert político (¡ja, ja!, que chiste más bueno). Esta línea es útil para enfrentarse a esta gente, hay que continuar, porque todos sabemos de qué serán capaces cuando se sientan fuertes.

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