miércoles, 17 de febrero de 2010

Los objetivos del pacto por la educación (I)

Hola otra vez desde hace... ni se sabe ya. Os pido disculpas por mi tardanza, pero mil ocupaciones me han impedido que en los últimos días os fuera suministrando estas pildoritas blogueras mías contra el insomnio que tanto bien os están haciendo. Voy al grano. Aunque no sé si ese documento a estas alturas ya se ha quedado viejo (capaz que sí), voy a dedicar unas cuantas entradas a analizar el borrador para el pacto por la educación que el MEC avanzó hace unas semanas. Con el fin de organizarme de algún modo, empezaré por hacer un comentario de los objetivos que marca para la educación en España para la década 2010 - 2020, los cuales se encuentran entre las páginas 7 y 8 y constituyen las diez primeras de las 108 propuestas del documento. Empiezo.
1. Que todos los estudiantes finalicen la educación obligatoria con los
conocimientos, competencias básicas y valores necesarios para su desarrollo
personal y profesional, para su continuidad en estudios posteriores en el marco
de la formación y el aprendizaje a lo largo de la vida. 
A primera vista, esta objetivo parece irreprochable, porque ¿quién podría no desear algo así? Decirlo, por lo tanto, resulta una obviedad: todo sistema aspira a la consecución de sus logros máximos. No obstante, en el hecho de formularlo en voz alta y en primer lugar veo cierto peligro. Primero, porque es un logro voluntarista, ya que no depende sólo de las excelencias del sistema, sino también de la amable colaboración de las  personas que entren en él, muchas de las cuales, bien sabido es, no podrán o no querrán prestarse a alcanzarlo. Por tanto, es también utópico e imposible de lograr. Y aquí es donde veo el mayor inconveniente: comprometerse a un objetivo maximalista e imposible de alcanzar es un pésimo comienzo: demuestra un exceso de confianza en nuestras aspiraciones y falta de realismo, representa orientarnos al fracaso desde el inicio y nos aboca a la frustración de no conseguirlo y quién sabe si a la tentación de falsear datos o forzar los hechos para aparentar que se consigue. Los más viejos del lugar ya habrán caído en que todo esto ya ocurrió con la LOGSE, y estamos donde estamos. 
2. Alcanzar una tasa de graduación en estudios postobligatorios (formación
profesional de grado medio o bachillerato) del 85%, con especial incidencia en
el incremento de titulados en formación profesional de grado medio.
Este objetivo se debe a las previsiones de necesidades de mano de obra cualifcada que se calculan para el país, según aclara el propio documento. Es inteligente adaptarse a las previsiones, aunque, después de lo vivido, me asusta lo que puedan querer hacer nuestros políticos cuando se enfrenten a este porcentaje estando en el poder, le toque a quien le toque. Que se haga hincapié en la formación profesional me parece muy digno de elogio: en España debemos sacudirnos cuanto antes la obsesión con que todo lo que no sea la universidad es un horrible destino.
3. Introducir las tecnologías de la información y comunicación como instrumentos
ordinarios de trabajo en las distintas áreas de conocimiento de todos los
niveles educativos.
Las nuevas tecnologías son imprescindibles para la vida moderna, dentro y fuera de la educación. No obstante, a mí me asustan los ecos que capto desde nuestros políticos, colectivo al que todos sabemos que le encantan la tecnocracia y el ir de guays superavanzados, porque, como está claro que están manejando este mensaje con unos fines electoralistas y de imagen, me estoy temiendo que nos las van a querer colocar a porrazo limpio y por narices, sin el menor resquicio para la libertad de elección ni la flexibilidad e imponiendo el ordenador personal o lo que sea con criterios de político y no de profesor hasta donde no se necesite o no convenga. Sólo espero que alguno de ellos se haya enterado de que, en países donde la enseñanza funciona muy bien, no les conceden un papel esencial.
4. Promover un conjunto de medidas en el ámbito escolar y social con el fin de
garantizar que todos los jóvenes se expresen con corrección, al menos, en un
idioma extranjero, especialmente en inglés.
Otro noble fin, el cual, por desgracia, está sufriendo ya un proceso de disparatización me temo que irreversible, esa neura de la enseñanza bilingüe a la que todos los partidos se han precipitado con más alegría demagógica que reflexión sensata. Las objeciones que tengo contra este "avance" son largas y las desarrollé en uno o dos artículos de mi blog difunto, pero diré las básicas: que no todo el mundo va a necesitar el inglés, que, a un respetable número de niños, el colocárselo a puro decreto desde pequeñines les va a representar un absurdo y dañino sobreesfuerzo en su formación y que los paladines de la medida deberían reflexionar sobre el hecho de que en el mundo no hay un solo gran país que tenga una gran lengua y que haya universalizado en sus sistemas la enseñanza bilingüe.

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