domingo, 28 de febrero de 2010

Inmersión lingüística y otras paradojas

Tengo un amigo que milita en el PSOE y que, cuando en las discusiones de su partido alguien defiende acaloradamente la LOGSE, le pregunta: "¿A qué tipo de centro llevas a tus hijos?", a lo que pocos le responden que los lleven a los institutos públicos en los que se aplica esa LOGSE que defienden.  Y yo mismo, como muchos profesores, tengo también hecha esta comprobación: he tenido bastante compañeros que defendían el desastre logsiano que machacaba nuestros institutos y que, sin embargo, a sus hijos, los llevaban a un centro privado, o a un concertado de simpáticas monjitas donde no había conflictos, o a una cooperativa muy "progre", muy cara y muy exigente, o a ese centro público tan raro que aún queda en tal sitio y en el que ni se regala el aprobado ni se torea al profesor... Y por esta sencilla vía, se descubre, ¡oh, sorpresa!, que los defensores del virtuoso sistema logsiano no demuestran mucha fe en él, sino que su doctrina parece ser más bien ésta: la LOGSE es muy buena... para los demás. Y es que, amigos míos, entre los defensores de la LOGSE el virus de la incoherencia está muy extendido.
Enterado de que el presidente Montilla (que ve muy natural la persecución lingüística a que los nacionalistas catalanes, el PSC y la Generalitat que él preside están sometiendo al castellano) resulta estar aquejado de un virus parecido al de los defensores de la LOGSE y lleva a dos de sus hijos a un colegio alemán que se sale del sistema que él impone... para los demás, me he metido en Google y me he encontrado en La vanguardia una noticia en la que habla sobre el asunto Anna Hernández, la esposa de Montilla. Os reproduzco un fragmento:
Es una maravilla. Sólo por saber alemán ya encontrarán trabajo. Es como tener una carrera", agregó. Explicó que fue difícil matricularlos y que a el centro, "todo se hace en alemán", incluso las reuniones de padres, y en inglés que se estudia a través del alemán. El tercero de los gemelos va en otro centro, porque así se lo aconsejaron los psicólogos, aunque por la tarde, los tres hijos hacen clases de repaso con un profesor particular que tiene el alemán con su lengua nativa.
Así, Hernández comenta que a veces los niños hablan entre ellos alemán con total normalidad, y cuando los oye, la madre les pregunta: "Qué, ¿ya estás hablando mal de mi?". Hernández aseguró que sus dos hijos reciben clase de catalán una hora a la semana. "Saben el catalán perfectamente, aunque cuando lo escriben hacen muchas faltas. Hacen poco catalán, esta es la verdad, una hora a la semana es poquísimo, pero ya lo arreglaré más adelante", añadió.
Una auténtica perla, ¿verdad?, no por las cosas que dice esta señora, sino por cómo las dice: ¿en qué jerigonza se expresa? Esta breve cita es una demostración práctica de mi mayor objeción contra la eneseñanza bilingüe (incluida la memez esta que se nos está imponiendo del bilingüismo inglés/español o francés/español): que, al final, la gente no habla bien en nada. ¡En fin! Buscando cosas sobre Montilla, me he encontrado casualmente con una genial sobre el menesteroso Francisco Camps. Está sacada del diario Levante y tampoco tiene desperdicio. Aquí os la dejo:
El Mundo se mesó los cabellos por el hecho de que el presidente de la Generalitat de Cataluña lleve a dos de sus hijos al Colegio Alemán. Y Rajoy se sintió obligado a apostillar que «sólo los ricos como Montilla eligen la lengua para sus hijos». Falso de toda falsedad. Su camarada Francisco Camps se ha declarado mileurista, como todo el mundo sabe, y sin embargo lleva a los suyos a uno inglés.
¡País!, que diría el Forges.

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