jueves, 4 de febrero de 2010

El desayuno y la medalla

¿Se acuerdan ustedes? Seguramente, no: hoy se cumplen 6 años del acto en que el entonces Presidente del Gobierno, José María Aznar, pronunciaba ante el Congreso de los EEUU un discurso que estaba inscrito en la delirante historia de la concesión de la medalla de oro de aquella cámara a nuestro insigne prócer. Si en algo coincidieron todos los análisis en torno a aquel discurso fue en su insignificancia: apenas asistieron 50 congresistas y los medios de comunicación norteamericanos le concedieron una importancia ínfima. Fue una demostración palmaria de nuestro exacto peso en la política internacional, de las ínfulas de Aznar y de una cierta y paradójica falta de dignidad, ya que demostró estar dispuesto a las peripecias más absurdas y a ocupar el lugar más mezquino con tal de aparecer.
Y miren ustedes por dónde, justo en el aniversario de tal evento, tan dichoso que uno no se explica cómo la fecha no ha sido declarada fiesta nacional, José Luis Rodríguez Zapatero se decide a emular a su predecesor en el cargo y a repetir sus errores: ¿qué pinta Zapatero en el desayuno de oración? Nada. ¿Qué importancia tiene este acto? Ninguna. ¿Para qué va entonces Zapatero? Para lo mismo que en su día fue Aznar: para aparecer aunque sea en el cuarto de las escobas. Y me temo que ambos coinciden en una cosa más: las motivaciones que les han llevado a cometer y acometer su sandez han sido antes de beneficio para la imagen personal que para el país, que nada gana y mucho pierde en tener líderes tan dispuestos a abdicar de la categoría que se les supone.
Y si José María Aznar cayó en el episodio ridículo de la medalla, Zapatero, para no irle a la zaga en nada, ha caído en el de la religión, porque ¿a qué viene que el Presidente de un estado aconfesional se marque un discursito trufado de explícitas referencias religiosas, más o menos, una por minuto? ¿A qué viene, en concreto, eso de la España sobre todo cristiana, como la ha caracterizado Carlos Fuentes? ¿Tantas ganas tenía Zapatero de agradar al cristianísimo pueblo estadounidense que no ha reparado en lo que se iba a reír de él el cardenal Rouco? Un presidente del gobierno no debe crear confusión. Y que no olvide Zapatero una cosa más: después de la efeméride que hoy celebramos, el PP perdió las elecciones. A veces las tonterías resultan ser síntomas de males más profundos. 

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