sábado, 30 de enero de 2010

El hijo puta y Esperanza Aguirre

Sobre las diversas connotaciones de la expresión "hijo puta", y a pesar de que en su época no había estudios de pragmática ni de semántica, ya nos dejó Cervantes unas acertadísimas observaciones en el Quijote, en el capítulo XIII de la segunda parte (Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos), a mi juicio, uno de los más graciosos.
Yendo al asunto de Esperanza Aguirre, parece claro que el término está usado con el valor de insulto, de ese insulto portador del mayor desprecio, la mayor ofensa y la mayor descalificación que es "hijo puta" en nuestra lengua. La cuestión yo la veo así:
En primer lugar, se está diciendo que la conversación de Esperanza Aguirre era privada, cosa con la que no estoy de acuerdo: Aguirre estaba en un acto promocional público y hablando con su vicepresidente, Igancio González, así que, por mucho que ella creyera estar secreteando, estaba en su calidad pública de Presidenta de la Comunidad de Madrid. Por si fuera poco, el tema de la conversación era de alcance público. A muchos nos inquieta que Caja Madrid (y cualquier institución donde mande doña Esperanza) se gobierne con el sesgo que puede deducirse de ese retazo de conversación.
En segundo lugar, volvemos con la expresión "hijo puta". Se ha criticado su vulgaridad, pero, a mi juicio, esto es secundario. Imaginemos que, en lugar de "hijo puta", la Presidenta hubiese usado términos como "bastardo", "malnacido", "perro" o cualquier otro posible sinónimo en teoría no malsonante. ¿Acaso habría sido menos inquietante la conversación? Por supuesto que no, porque aquí lo que importa no son unas "palabrotas" que nos obliguen a taparnos las orejas, aquí lo que asusta es la fobia que demuestra la señora Aguirre, su animosidad, la poca limpieza que gravita en sus palabras cuando habla del "hijo puta" o pregunta qué armas tienen contra él. ¿Éste es el nivel en que se mueve su reflexión política? No es el deseable en tan alta magistratura.

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