miércoles, 25 de noviembre de 2009

Daños colaterales

Están siendo hoy muy comentadas en los medios de comunicación unas declaraciones de Jordi Pujol en las que el ex-presidente de la Generalitat se lamenta de lo mal que se han llevado las relaciones entre Cataluña y España (o entre Cataluña y el resto de España, como nos parece más lógico decir a otros) en los últimos tiempos, en cuestiones como el Estatuto y otras. A su jucio, este asunto está condenado a salir mal, sea cual sea el resultado definitivo, ya que éste nunca va a estar a la altura del desgaste que ha supuesto. Termina sus declaraciones con una interesantísima reflexión: la de que las relaciones en el terreno político y administrativo estuvieron mucho peor en la época de Franco, pero, en lo referido a la opinión pública, ni siquiera entonces estuvieron tan mal, porque entonces el prestigio de Cataluña era importante, "mucho mejor que el de ahora".
¿Podríamos traducir esto como que tanta demagogia segregacionista, tanta agresividad antiespañola (quema de banderas, inmersión lingüística, abucheos al himno nacional nada menos que en una final de copa, etc.), tanto Carod soltando bobadas, tanto Montilla y tanto Maragall lanzando mensajes rupturistas y tanto exceso de este jaez han cristalizado al final en un renacimiento del peor anticatalanismo?
Parece que Pujol insinúa algo así y yo, como catalán con muchos años fuera de Cataluña, doy fe de que he visto resucitar muestras de fobia hacia lo catalán que creía difuntas desde hacía mucho tiempo. Me temo que los excesos de cuatro imbéciles separatistas los estamos pagando todos, qué pena. No todos los catalanes somos catalanistas radicales: por favor, no nos confundan, porque no es lo mismo.

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